It´s up to you. New York, New York.

 

La primera vez que la vi me pareció tan joven, eterna y mortal que  no podía creer que poco tiempo después tendría que escribir sobre su ocaso. Y ahora, en este momento, me encuentro describiendo su resurrección.

La Gran Ramera, según el Antiguo Evangelio; el paraíso encontrado de Carry Bradsow y Samantha Jones, la tierra prometida de peregrinos de todo el mundo y el meeting point  de algunos marcianos si atendemos al delirio retrofuturista del cine y la televisión de ciencia ficción. Hogar, dulce hogar de la narrativa de Woody Allen, del cine negro, de Kerouak en su iniciático viaje en On the road, de los cuentos de Navidad, del Jazz y de la Comedia Romántica de todos los tiempos. Musicales en Broadway, hip hop en Harlem y el Bronx, templos renacentistas junto a impetuosos rascacielos y triunfadores y perdedores paseando sus secretos en Tribeca, La 5th, Brooklyn o Chelsea. Eso es, entre otras muchas cosas Nueva York; la Gran Manzana, la ciudad que nunca duerme, la ciudad de los rascacielos. La ciudad por la que nunca penetró la América republicana. Hablar de Nueva York es relatar el siglo XX y la experiencia social, financiera y cultural de la civilización occidental.

 

La Gran Manzana.

Descubierta en 1524 por Venarazzo, fue adquirida casi un siglo después a los Lenape, la tribu autóctona de la región, por unos cuantos pedazos de espejos. La independencia de Estados Unidos en 1789, marca el gran punto de inflexión en la historia de la ciudad. Aunque no es hasta finales del s. XIX , finalizada la Guerra Civil Estadounidense cuando empieza el mito. La anexión de Manhattan con Brooklyn, la apertura del metro y los intensos movimientos sociales contra la esclavitud, propician fuertes llegadas de inmigración así como la expansión de las corrientes de pensamiento libre.

La ciudad de Nueva York está dividida en cinco distritos situados entre el río Hudson y el East River: Manhattan, Brooklyn, Staten Islan, Bronx y Queens. Aunque cada uno de estos distritos posee una fuerte identidad y merece por tanto una visita, es sin duda Manhattan la imagen que está grabada a fuego en el consciente colectivo de todos nosotros, pobladores del probable último imperio, Occidente.

La situación geográfica de la ciudad, su puerto natural en el delta del río Hudson en el Atlántico, favorecieron la transformación de Nueva York en la gran urbe comercial, industrial y financiera a lo largo de los últimos cien años. Luego llegarían las tendencias, la industria cultural y el turismo, polos también de desarrollo social y económico, pero también el posicionamiento de la ciudad como cliché del american way of life y soporte publicitario para el imaginario de todos los habitantes del planeta. Tras la Segunda Guerra Mundial, Nueva York ya era la capital del mundo, la sede de Naciones Unidas y el escenario de realidades y ficciones, para la historia, en las hemerotecas del New York Times o del mítico semanario The Newyorker.

 

Nueva York en el Cine y en la Música

A finales del s. XIX,  los hermanos Lumiere estrenan en París la primera película de la historia: “Obreros saliendo de la fábrica”. Pero es Thomas Alva Edison quien  inventa el cinematógrafo en términos de patente. Antes de que unos cuantos judíos llegaran a Hollywood e instauraran en aquel remoto y fronterizo pueblo californiano la meca del celuloide, huyendo de la guerra de patentes por la utilización del primer cinematógrafo, fue Nueva York el primer escenario de aquel cine primitivo.

Nueva York es la ciudad más fotografiada del mundo. Ha sido el plató de la mayor parte del cine americano y es por todo ello que cuando uno pasea por la ciudad, se siente en casa, integrado. Gracias al cine y a los recuerdos imaginarios que nos han inyectado como injertos en la memoria todos somos un poco neoyorquinos. El cine y la música han convertido Nueva York en la ciudad más global. No existe, a pesar de todo ello, un solo estereotipo de newyorker; ya que el cine y televisión han retratado muy distintos arquetipos humanos y estéticos. Así las cosas, al escuchar esa mágica palabra. Nueva York, evocamos a Cary Grant y Katering Hepburn persiguiendo la noticia, a atormentados detectives que Bogart encarnó como nadie, a una ingenua y deliciosa Marilyn Monroe en Como casarse con un millonario, a Rock Hudson y Doris Day en Pijama para Dos, a Audrey Hepburn en su mundo paralelo fascinada, derrotada y fugitiva a las puertas de Tifanny´s  desayunando un croissant. Evocamos al primer Woody Allen, a los hermanos Cohen, al gran Hitchcock y al último Escorserse. Pero Nueva York ha sido también el epicentro del nuevo cine independiente.

Nueva York sabe a Frank Sinatra, a Jazz a recepciones en el Plaza o en el Waldorf  Astoria; al Pop Art de Andy Warhol, a las fotografías de Arnold Newman o Maphelport y, ¿cómo no? a los musicales de Broadway.

 

Ascenso y caída.

Nueva York fue el escenario del mayor ataque terrorista sufrido en territorio norteamericano. Decían que los neoyorquinos miraban al cielo y tal vez aquel cielo, igualmente global, igualmente injusto, y a veces despiadado, devolvió a sus ciudadanos un mensaje de desolación. Tras un siglo de intenso brillo, de hegemonía mundial, Nueva York caía igual que sus torres colmando la conciencia mundial de cenizas y decadencia. Algunos dijeron que era el fin de una era. Que los días de la ciudad habían pasado, y que otras remotas, del lejano oriente tomarían el relevo. Analistas y cronistas asistían al ocaso de la ciudad. Aseguraban que ya nada volvería a ser igual. Lo cierto es que el mundo entró en crisis. Igualmente cierto es que muchos de los pobladores más interesantes abandonaron la big apple. La “seguridad”, ese concepto abstracto e inseguro atrapó a los neoyorquinos; los precios de las viviendas descendieron, la inversión decreció, el patriotismo neurótico aumentó, y después como dijo Carry en el último capítulo de “Sex and the city”, ya no hubieron más preguntas…

La ciudad ha recobrado hoy, feliz y progresivamente su vitalidad. Nueva York vuelve a brillar y a ser de nuevo la capital del mundo. Siempre por delante del resto del país, Nueva York se recupera de aquel golpe y vive un esperado amanecer que se palpa en cada esquina.  Ecléctica, burbujeante y abigarrada, Nueva York despierta de una larga noche y vuelve a alojar los sueños de quienes tanto la amamos.

 

Lugares que no debes olvidar en tu visita

Nueva York es una ciudad donde todo tiene cabida. Si necesitas pasear por tranquilos parques, es tu lugar, en cambio, si eres un apasionado de los museos Nueva York te ofrece numerosos de ellos, algunos se encuentran entre los mejores del mundo. Si las compras son lo tuyo no dudes en venir aquí. Numerosas tiendas te esperan, sin olvidar los outlets situados en New Jersey, a escasos minutos de Manhattan en bus, donde los precios de grandes marcas rozan lo imposible

Si tomas Broadway, la calle que cruza todo Manhattan, y vas caminando cruzarás diferentes barrios, cada uno con sus peculiaridades, cada uno con su encanto. Los ojos no dan crédito cuado se observa que a tan solo una parada de metro todo puede ser tan distinto. El Meatpacking Distric con su Highline, parque urbano surgido de unas antiguas vías del metro donde se tiene vistas de toda la ciudad. El barrio emergente de Manhattan, Tribeca, antiguo distrito industrial, que durante la última década ha pasado por una mayor revitalización. Muchos almacenes y desvanes se han convertido en departamentos y en nuevos negocios. Murray Hill, Little Italy, Chinatown, Harlem, etc.

Andy Warhol, Bob Dylan, Charlie Parker, Jack Kerouac o Jimi Hendrix entre otros, no dudaron en elegir el East Villlage como residencia en la ciudad. Actualmente por sus calles se respira una identidad propia.  Durante el día, encontramos numerosos locales de tatuajes y piercing, tiendas de música, de ropa de segunda mano, así como un buen número de galerías, boutiques, sin olvidar los particulares cafés.

El mundo del arte en Nueva York es muy importante. Existen numerosos museos entre los que destacan el MOMA, el Museo de Historia Natural; famoso por la película “Noche en el Museo”, el Metropolitan, el Guggenheim, entro muchos otros.

Cuando hablamos de la gran manzana el primer parque que nos viene a la memoria es su voluptuoso Central Park, el pulmón de Manhattan, coronado por su Gran Hotel Plaza y su Walford Astoria. Parece increíble que el gran ruido que produce el tráfico en las calles de la ciudad desaparezca por arte de magia en este sitio. No se debe olvidar otros parques como Bryant Park o el precioso Washington Square Park, etc.

Existen tres cosas que no dudaría en hacer si volviese a esta ciudad: pasear por Coney Island y su mítico parque de atracciones, Luna Park, donde tantas películas se rodaron, subir a la discoteca 230 Fith Avenue para apreciar sus increíbles vistas mientras tomas un coctel en su terraza, y por supuesto, cruzar el Puente de Brooklin al atardecer y así demostrar lo que decía Paul Morand: “Son necesarios varios meses para comprender la grandeza desleída en humedad de Londres; se necesitan varias semanas para experimentar el seco encanto de París; pero haceos conducir al centro del Brooklyn Bridge a la hora crepuscular y en quince segundos habréis comprendido Nueva York”.

Por Jaume A. y Rocío S. Fotografía: Hernandeznegre.com

 

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